Pablo Ostalé Rodriguez.- (Cariñena? - Madrid, 1911). Destacado veterinario aragonés, que ejerció la profesión durante cierto tiempo en Ricla (Z.). Más tarde, y por oposición, en 1871, fue nombrado profesor de Fragua de la Escuela de Veterinaria de Aragón, estando además al cargo, durante varios años, de las enfermerías de dicho centro, en el cual llevó a cabo una eficaz labor docente y clínica. En 1873 ingresó, igualmente por oposición, en el Cuerpo de Veterinaria Militar, en el que causó posteriormente baja a petición propia. En el año 1890 fue nombrado, mediante concurso, profesor auxiliar y de Fragua de la Escuela de Veterinaria de Madrid, cargo que desempeñó hasta su fallecimiento.
Fundó la revista profesional titulada El progreso de la Medicina Veterinaria, de publicación quincenal, que apareció en Zaragoza el 15-lX-1883.
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domingo, 23 de marzo de 2014
sábado, 15 de marzo de 2014
PILAR PITARCH BLASCO
Pilar Pitarch Blasco nació en Cariñena (Zaragoza), el 20 de noviembre de 1914, en una familia modesta de pequeños comerciantes. Su padre era socialista (seguidor de Largo Caballero) y ateo, y su madre católica practicante. "De pequeña", nos cuenta Pilar, "quería ser artista de teatro, pero mi madre se opuso y entonces integré una escuela de monjas, junto a mis cinco hermanos. Éramos siete, pero uno murió. Cuando tenía ocho o nueve años, a la hora de salir de la escuela, mi madre me esperaba en la puerta del comercio, con la merienda en una mano y un cirio en la otra. Mis hermanos iban a jugar, pero yo tenía que ir a rezar a la capilla cerca de casa. Tanto tuve que ir, que ahora soy casi tan atea como lo era mi padre. Creo que la culpa es de la propia Iglesia, que solo favorece a los ricos y que hipócritamente está al lado de los pobres... A parte algunos católicos como la madre Teresa de Calcuta, que ha dado su vida por los pobres y ha vivido como ellos y con ellos. ¿Pero de estos cuantos hay?
Para mí, el lujo de las iglesias y del Vaticano es vergonzoso, al lado de la pobreza de muchos niños fieles católicos que no comen todos los días. Antes de la Guerra Civil, los enfermos y los heridos estaban cuidados por monjas que no tenían título de enfermera ni nada. El Gobierno de la República sacó un decreto que hizo realidad los diplomas de enfermera. Se estudiaba en la Facultad de Medicina de Madrid o de Barcelona. Como mi madre no quería que fuera artista de teatro, me decía de casarme y ser mantenida por mi marido. Pero yo no quería de eso porque estaba ya emancipada, gracias a mi padre. Cuando vi el decreto en el periódico, no me lo pensé más. Hice el diploma en Barcelona. Durante el tiempo que duraron mis estudios, de los 20 a 22 años, estuve alojada en casa de un amigo de mi padre. Dos meses después de terminar mis estudios, estalló la Guerra Civil. Así pues, en el 1936, yo me encontraba todavía en Barcelona. Mi idea era continuar en Cataluña, porque me gustaba el lugar. Pero entonces tuve la noticia del fusilamiento de mi hermano Domingo, el cuarto. Lo fusilaron el 31 de agosto de 1936. No había hecho nada a nadie... Siempre me acordaré de él. Estaba muy unida con él." [Pilar se emociona] ". Al estallo de la Guerra Civil, regresé a Castellón y trabajé en el Hospital Provincial, en el cual el decano era Juan Bellido, un médico muy conocido. A este hombre lo encarcelaron los franquistas durante doce años al finalizar la Guerra. Luego le pusieron multas hasta arruinarlo y cuando salió de la cárcel, le prohibieron el derecho a ejercer de médico. Un hijo suyo ha sido parlamentario del PSOE con Felipe González.
Muchos médicos de Castellón estuvieron curando heridos durante la Guerra Civil, unos en el Hospital Provincial y otros en el Hospital Komenski de Benicassim (un hospital de guerra). Después de la Guerra, he oído decir que el único en salvarse había sido el Doctor Batalla, un cirujano muy conocido.
Un día, mientras yo estaba trabajando en el Hospital Provincial, mi amiga Encarnación Mus – la hermana del violinista Abel Mus – vino a buscarme porque ella estaba en el Hospital Komenski y allí hacían falta enfermeras para la sala de operación. El mismo día se me llevó al Komenski, al equipo checo, dónde el doctor ya me esperaba. Me acuerdo de muchos heridos. En particular de Franck Luda, un joven austriaco de 24 años, Brigadista Internacional al que tuvimos que amputar las dos piernas, debido a las heridas del frente. Ya repatriado, en Austria, Franck estuvo trabajando con dos piernas artificiales, en una fabrica, y lo hizo hasta la jubilación. Otro herido se llama Jiri Horski: aún vive, en Praga. Ahora tiene 93 años. Tengo correspondencia con él desde muchos años. Cuando me escribe siempre empieza la carta con las mismas palabras: 'mi querida enfermera que curó mis heridas'. Hubo muchos heridos. La Guerra fue terrible. Incluso bombardearon los hospitales. En el nuestro, la bomba cayó muy cerca, en un puente al lado de las villas y del hotel dónde estaba el hospital Komenski. Una enfermera checa –Mirka–, al ver caer las bombas, sufrió un desencajamiento de las mandíbulas y la boca se le quedó abierta. Y yo estoy sorda del oído derecho desde ese día porque la explosión de la bomba me rompió el tímpano.
Claro, hubo heridos muchísimos más graves que nosotras. Aunque siempre estuvimos peligrando porque al sonar las sirenas que avisaban de la llegada de la aviación, todo el mundo podía ir a refugiarse menos el personal sanitario y los heridos más graves que no podían levantarse de la cama.
Ese día, el Doctor Kisch, cirujano jefe hizo quitar la bandera de la cruz roja del hospital
porque, a pesar del carácter sagrado de esta bandera, los últimos meses bombardearon
hasta los hospitales. Sobretodo los de las Brigadas Internacionales, porque los Brigadistas teníamos que morir todos.
Komenski, hizo quitar la bandera de la cruz roja del hospital porque, a pesar del carácter sagrado de esta bandera, los nazis – por orden de Franco – los últimos meses bombardearon hasta los hospitales. Sobretodo los de las Brigadas Internacionales, porque los Brigadistas teníamos que morir todos. Cuando Negrín mandó la Brigadas a Cataluña para organizar su futura salida de España, me incorporé otra vez al Hospital Provincial de Castellón. Al entrar los franquistas en el Hospital Provincial, un enfermero vino corriendo a decirme 'Pilar, márchate enseguida, la policía viene a por ti'. Bajé al piso de abajo: allí había una galería grande con dos salidas, una en cada extremidad. Una daba a la puerta principal del hospital y por esa empecé a correr. Pero llegada a la mitad, tuve la idea de salir por el otro lado: él de la puerta del depósito de cadáveres, que daba a un descampado. De allí me fui a la casa de una amiga de confianza y le conté lo que pasaba. Ella me acogió y fue a avisar a mi familia. En esa casa permanecí cuatro días. Luego cambié de escondite: pasé a una pequeña pensión no declarada de dos solteras mayores, María y Luisa. Allí había cinco estudiantes de los pueblos de la provincia de Castellón. Yo le ayudaba a María a hacer las camas y todo el resto, mientras que Luisa cocinaba y rezaba por mí. No podía salir del piso. A los pocos días vino un joven de 31 años y pidió comer allí. María le dijo que allí no se daba de comer a los pasantes, solamente a los pensionistas. Pero hizo una excepción y le dejó sentarse y comer. María pensó primero que era un inspector que venía a denunciar su actividad clandestina. Pero el chico no me quitaba los ojos de encima. Entonces María ya pensó que este hombre venía a buscarme, pero no dijo nada.
El hombre le preguntó si tenía una habitación libre y María le enseñó una. Al día siguiente él regresó con una maleta y se quedó. Nunca dejaba de vigilarme. Al cabo de unos 10 días, Luisa le pregunta si era estudiante también. Y él le contesta 'no señora, soy policía secreta'. Luisa se puso a temblar. Y me llamó para avisarme. Pero yo le dije que no quería irme porque no podía pasar de un lugar para otro y que si tenía que ir a la cárcel, iría. Y Luisa rezaba sin parar, lo que le producía gracia a María. Pasaron unos días y el domingo, los estudiantes regresaron como siempre a sus pueblos, para estar con las familias y las novias. Pero el policía se quedó, solo. Él era de Villarín del Campo (ZA) y la familia le quedaba lejos. Ese domingo, María le puso el desayuno en la mesa del comedor y nosotras desayunábamos como siempre en la cocina. Pero él quiso comer con nosotras. Se sentó a mi lado y me hizo muchas preguntas sobre mi vida personal. A continuación me invitó al cine. Y allí empezó a acercarse. Pero le dejé claro que no me interesaba ninguna relación. De vuelta a la pensión, le conté todo a María (ya extrañada de verme volver). María me aconsejó de aprovechar la situación y salvar mi vida. Pero yo no podía venderme a un policía que probablemente estaba martirizando a los míos en un calabozo. Se llamaba David Sevilla. Un día, le dije: 'David, tengo algo que decirte. Quiero que sepas quien soy'. Y él me hizo signo de callarme; y me dijo: 'yo te voy a decir quien eres, que eres brigadista, socialista, hija de un socialista, enfermera en el Hospital Komenski de Benicassim...' Entonces le contesté que si venía a por mí, yo estaba a su disposición. Y él me dijo que sí que vino el primer día a por mí, pero que se quedó prisionero él. Y para darme una prueba de que me quería de verdad, destruyó mi expediente en la comisaría, lo que podía haberle costado muy caro, incluso la vida. Para quitarlo de encima, le hice creer que mi hermana estaba para dar a luz de forma inminente y que tenía que irme a Cariñena a ayudar a mi madre. Entonces me fui y él me escribió una carta cada día. ¡Y que cartas! Y yo pensando: un fascista, policía secreta, ex jesuita... ¡madre mía!' Mi padre me dijo 'no te cases con él' y yo le contesté que no se preocupara... Pero sí le contesté a David con cartas de amistad, pero no de amor. Al final le expliqué que tenía que olvidarse de lo nuestro. David me dijo que si un día le necesitaba, ya sabía donde encontrarle." "Regresé a Cariñena en el 1942 y allí conocí a mi futuro marido, Marcos Colomar, un joven de Ibiza, que acababa de salir del campo de concentración de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca).
Pilar nos prepara un café en su casa "Nos fuimos a vivir a Valencia, en dónde nos casamos en el 1947. Mis dos hijas, María Pilar y María José, nacieron allí. Mi marido empezó a trabajar en una fábrica de dos hermanos de izquierdas: unos de ellos acababa también de salir de un campo de concentración. Para mi marido, encontrar ese trabajo fue un alivio. Él lo que quería era irse de España. Pero como nadie le conocía, ya que no pertenecía a ningún partido ni nada, no le suponía problemas quedarse en Valencia. Pero sí en el caso de intentar pasar la frontera. Porque para pasar la frontera legalmente, tenían que conseguir un salvoconducto: para ello, tres hojas firmadas por tres personas de derechas eran necesarias. Y a nosotros, como es natural, nadie nos las iba a "...yo no podía venderme a un policía que probablemente estaba martirizando a los míos en un calabozo."
La Carta Digital - Número 21 - Edición especial Pilar Pitarch 5.
Entonces le propuse a mi marido pasar la frontera a pie, a pesar de estar esperando a mi primera hija. Pero el no quiso exponerme a ese riesgo. El no vivía en esa situación. Me acordé de David Sevilla y que me había dicho de llamarle si le necesitaba. Entonces, un domingo, mi marido y yo decidimos que el día siguiente iría a ver a David para pedirle un salvoconducto.
El lunes cogí el tren con María José, que para entonces ya había nacido y tenía dos años, y viajé a Castellón. Entré en la comisaría a las 12 horas y pregunté por el Sr. Sevilla. Cuando nos vio, pensó que nos había pasado algo a mi hija y a mí. Pero le expliqué que mi marido y yo queríamos irnos de España. Él me dijo que le haría el salvoconducto a mi marido y que luego mi marido nos haría llegar al país donde ya se encontrara. Me entregó el salvoconducto enseguida y me acompañó hasta la puerta. Aún guardo hoy en día ese salvoconducto Volví con María José a Valencia, sin comer ni nada. Y me acuerdo que llegamos a Valencia a las 16 horas: todo fue muy rápido. En casa, esperé a mi marido: cuando regresó de su trabajo y vio el salvoconducto, no se lo podía creer. Me dio un abrazo que casi me rompe los huesos, de la alegría. Me dijo: por fin vamos a dejar España'. Y yo le contesté: España no... el fascismo. Y mi marido pasó la frontera unos diez días después, para ir al Grez, un departamento de Francia dónde había muchos exiliados españoles. Una vez allí, mi marido se dirigió a la prefectura del departamento para que yo pudiera entrar en Francia con mis hijas. Mientras tanto, yo ya no podía trabajar como enfermera. Necesitaba que alguien me cuidara las niñas, pero mi madre se negó a hacerlo por motivos que no voy a explicar. Tuve pues que poner mis hijas en la beneficencia. Eso fue lo más triste para mí. Ha sido muy difícil hacerlo. Yo me puse de criada en una casa. Hasta que recibí del gobierno francés la autorización para entrar en Francia con mis niñas. Una vez reunidos en el país vecino, mi marido pidió la autorización para irnos todos a Argelia, en donde él había residido desde la edad de dos años, y que entonces era francesa. Hay que precisar que mi marido fue a España solamente para luchar con su hermano contra Franco.
En Argel era muy difícil encontrar un piso porque había muchos solicitantes y muchos españoles. Pero nosotros tuvimos suerte y nos recogió un hermano de mi marido mientras encontráramos vivienda. Para tener derecho a un piso subvencionado, teníamos que vivir muy mal: así que alquilamos una barraca para instalarnos en lo que podíamos. Cuando el inspector vino a vernos y se enteró que no teníamos otra cosa que ese pequeño almacén con puerta metálica y sin ventanas, nos explicó que no éramos franceses pero que tramitaría lo mismo la solicitud de piso subvencionado. ¡Y tuvimos el piso a los ochos días! Cuando mi marido volvió del trabajo y vio las llaves que le enseñaba, no se lo podía creer. Corría el año 1949. En ese piso vivimos hasta en año 1962 sin ningún problema.
En el 1961 se casó mi hija la mayor (María Pilar) y entró en Suiza para vivir en Lausanne. Mi marido, que trabajaba de ebanista, se quedó sin trabajo a consecuencia de la guerra de Argelia y el cierre de las fábricas. Se fue pues a trabajar al Sahara, en una compañía de petróleo, el único lugar dónde quedaba trabajo. María José, cuando salía de la escuela, iba a por el pan. Un día, cuando ella tenía trece años, me llega a casa temblando y me explica que unos jóvenes argelinos le molestaron y que uno le dijo al otro: déjala tranquila hasta la independencia... Yo como sabía que a muchas chicas las violaban –tanto en un bando como en el otro, le dije a mi hija de no salir más de casa, ni para ir a la escuela ni a por el pan.
Entonces pensé en hacerla marchar de Argel. Me dirigí al cura de la Parroquia de Santa Ana, en mi barrio: el Padre Paul era un suizo. Le conté lo de mi hija y le pedí que me
encontrara la dirección de un pensionado en Suiza para ella. Me dijo que se encargaba de todo. Tres días después, me dio la dirección de un pensionado de monjas en Valais. Mi hija viajó así a Suiza en ese año 1961. Tres meses más tarde, recibí una carta de la monja superior del pensionado suizo. Me decía que mi hija había quedado muy afectada por las imágenes que había visto por la tele sobre la guerra de Argelia: tenía el baile de San Vito. El médico me aconsejaba de ir a verla para tranquilizarla. Llamé a mi marido al Sahara y le expliqué lo que pasaba. Él me contestó que fuera a Suiza y que me quedara allí con nuestra hija.
Cogí pues el avión y me vine a Suiza. Estuve un mes con María José. Al volver a Argel, me encuentro con que mi piso había sido ocupado por los 'fellagas' argelinos. Lo perdimos todo. Incluso documentos que me hicieron falta para cobrar pensiones a las cuales tenía derecho. Solo pude recuperar el coche, gracias a mis vecinos argelinos que, al ver que todo estaba siendo robado y ocupado, me lo habían escondido hasta mi regreso. Avisé a la familia de mi marido de lo ocurrido y me alojaron. Cuando mi marido volvió del Sahara, un mes más tarde, aunque fue difícil conseguir los billetes, cogimos el barco con el coche, desde Argel hasta Marsella. De Marsella viajamos en coche hasta Suiza. En Suiza todo fue formidable. Debo decir que la policía nos ayudó mucho. Entramos como exiliados políticos, lo que era muchísimo más fácil que para los emigrantes. Suiza ha sido para nosotros el paraíso. Y aquí sigo viviendo.
Según su propia voluntad, Pilar Pitarch Blasco será incinerada. Será el martes 3 de enero, en Lausanne. Hasta la fecha, descansa en la capilla Saint-Roch.
Para mí, el lujo de las iglesias y del Vaticano es vergonzoso, al lado de la pobreza de muchos niños fieles católicos que no comen todos los días. Antes de la Guerra Civil, los enfermos y los heridos estaban cuidados por monjas que no tenían título de enfermera ni nada. El Gobierno de la República sacó un decreto que hizo realidad los diplomas de enfermera. Se estudiaba en la Facultad de Medicina de Madrid o de Barcelona. Como mi madre no quería que fuera artista de teatro, me decía de casarme y ser mantenida por mi marido. Pero yo no quería de eso porque estaba ya emancipada, gracias a mi padre. Cuando vi el decreto en el periódico, no me lo pensé más. Hice el diploma en Barcelona. Durante el tiempo que duraron mis estudios, de los 20 a 22 años, estuve alojada en casa de un amigo de mi padre. Dos meses después de terminar mis estudios, estalló la Guerra Civil. Así pues, en el 1936, yo me encontraba todavía en Barcelona. Mi idea era continuar en Cataluña, porque me gustaba el lugar. Pero entonces tuve la noticia del fusilamiento de mi hermano Domingo, el cuarto. Lo fusilaron el 31 de agosto de 1936. No había hecho nada a nadie... Siempre me acordaré de él. Estaba muy unida con él." [Pilar se emociona] ". Al estallo de la Guerra Civil, regresé a Castellón y trabajé en el Hospital Provincial, en el cual el decano era Juan Bellido, un médico muy conocido. A este hombre lo encarcelaron los franquistas durante doce años al finalizar la Guerra. Luego le pusieron multas hasta arruinarlo y cuando salió de la cárcel, le prohibieron el derecho a ejercer de médico. Un hijo suyo ha sido parlamentario del PSOE con Felipe González.
Muchos médicos de Castellón estuvieron curando heridos durante la Guerra Civil, unos en el Hospital Provincial y otros en el Hospital Komenski de Benicassim (un hospital de guerra). Después de la Guerra, he oído decir que el único en salvarse había sido el Doctor Batalla, un cirujano muy conocido.
Un día, mientras yo estaba trabajando en el Hospital Provincial, mi amiga Encarnación Mus – la hermana del violinista Abel Mus – vino a buscarme porque ella estaba en el Hospital Komenski y allí hacían falta enfermeras para la sala de operación. El mismo día se me llevó al Komenski, al equipo checo, dónde el doctor ya me esperaba. Me acuerdo de muchos heridos. En particular de Franck Luda, un joven austriaco de 24 años, Brigadista Internacional al que tuvimos que amputar las dos piernas, debido a las heridas del frente. Ya repatriado, en Austria, Franck estuvo trabajando con dos piernas artificiales, en una fabrica, y lo hizo hasta la jubilación. Otro herido se llama Jiri Horski: aún vive, en Praga. Ahora tiene 93 años. Tengo correspondencia con él desde muchos años. Cuando me escribe siempre empieza la carta con las mismas palabras: 'mi querida enfermera que curó mis heridas'. Hubo muchos heridos. La Guerra fue terrible. Incluso bombardearon los hospitales. En el nuestro, la bomba cayó muy cerca, en un puente al lado de las villas y del hotel dónde estaba el hospital Komenski. Una enfermera checa –Mirka–, al ver caer las bombas, sufrió un desencajamiento de las mandíbulas y la boca se le quedó abierta. Y yo estoy sorda del oído derecho desde ese día porque la explosión de la bomba me rompió el tímpano.
Claro, hubo heridos muchísimos más graves que nosotras. Aunque siempre estuvimos peligrando porque al sonar las sirenas que avisaban de la llegada de la aviación, todo el mundo podía ir a refugiarse menos el personal sanitario y los heridos más graves que no podían levantarse de la cama.
Ese día, el Doctor Kisch, cirujano jefe hizo quitar la bandera de la cruz roja del hospital
porque, a pesar del carácter sagrado de esta bandera, los últimos meses bombardearon
hasta los hospitales. Sobretodo los de las Brigadas Internacionales, porque los Brigadistas teníamos que morir todos.
Komenski, hizo quitar la bandera de la cruz roja del hospital porque, a pesar del carácter sagrado de esta bandera, los nazis – por orden de Franco – los últimos meses bombardearon hasta los hospitales. Sobretodo los de las Brigadas Internacionales, porque los Brigadistas teníamos que morir todos. Cuando Negrín mandó la Brigadas a Cataluña para organizar su futura salida de España, me incorporé otra vez al Hospital Provincial de Castellón. Al entrar los franquistas en el Hospital Provincial, un enfermero vino corriendo a decirme 'Pilar, márchate enseguida, la policía viene a por ti'. Bajé al piso de abajo: allí había una galería grande con dos salidas, una en cada extremidad. Una daba a la puerta principal del hospital y por esa empecé a correr. Pero llegada a la mitad, tuve la idea de salir por el otro lado: él de la puerta del depósito de cadáveres, que daba a un descampado. De allí me fui a la casa de una amiga de confianza y le conté lo que pasaba. Ella me acogió y fue a avisar a mi familia. En esa casa permanecí cuatro días. Luego cambié de escondite: pasé a una pequeña pensión no declarada de dos solteras mayores, María y Luisa. Allí había cinco estudiantes de los pueblos de la provincia de Castellón. Yo le ayudaba a María a hacer las camas y todo el resto, mientras que Luisa cocinaba y rezaba por mí. No podía salir del piso. A los pocos días vino un joven de 31 años y pidió comer allí. María le dijo que allí no se daba de comer a los pasantes, solamente a los pensionistas. Pero hizo una excepción y le dejó sentarse y comer. María pensó primero que era un inspector que venía a denunciar su actividad clandestina. Pero el chico no me quitaba los ojos de encima. Entonces María ya pensó que este hombre venía a buscarme, pero no dijo nada.
El hombre le preguntó si tenía una habitación libre y María le enseñó una. Al día siguiente él regresó con una maleta y se quedó. Nunca dejaba de vigilarme. Al cabo de unos 10 días, Luisa le pregunta si era estudiante también. Y él le contesta 'no señora, soy policía secreta'. Luisa se puso a temblar. Y me llamó para avisarme. Pero yo le dije que no quería irme porque no podía pasar de un lugar para otro y que si tenía que ir a la cárcel, iría. Y Luisa rezaba sin parar, lo que le producía gracia a María. Pasaron unos días y el domingo, los estudiantes regresaron como siempre a sus pueblos, para estar con las familias y las novias. Pero el policía se quedó, solo. Él era de Villarín del Campo (ZA) y la familia le quedaba lejos. Ese domingo, María le puso el desayuno en la mesa del comedor y nosotras desayunábamos como siempre en la cocina. Pero él quiso comer con nosotras. Se sentó a mi lado y me hizo muchas preguntas sobre mi vida personal. A continuación me invitó al cine. Y allí empezó a acercarse. Pero le dejé claro que no me interesaba ninguna relación. De vuelta a la pensión, le conté todo a María (ya extrañada de verme volver). María me aconsejó de aprovechar la situación y salvar mi vida. Pero yo no podía venderme a un policía que probablemente estaba martirizando a los míos en un calabozo. Se llamaba David Sevilla. Un día, le dije: 'David, tengo algo que decirte. Quiero que sepas quien soy'. Y él me hizo signo de callarme; y me dijo: 'yo te voy a decir quien eres, que eres brigadista, socialista, hija de un socialista, enfermera en el Hospital Komenski de Benicassim...' Entonces le contesté que si venía a por mí, yo estaba a su disposición. Y él me dijo que sí que vino el primer día a por mí, pero que se quedó prisionero él. Y para darme una prueba de que me quería de verdad, destruyó mi expediente en la comisaría, lo que podía haberle costado muy caro, incluso la vida. Para quitarlo de encima, le hice creer que mi hermana estaba para dar a luz de forma inminente y que tenía que irme a Cariñena a ayudar a mi madre. Entonces me fui y él me escribió una carta cada día. ¡Y que cartas! Y yo pensando: un fascista, policía secreta, ex jesuita... ¡madre mía!' Mi padre me dijo 'no te cases con él' y yo le contesté que no se preocupara... Pero sí le contesté a David con cartas de amistad, pero no de amor. Al final le expliqué que tenía que olvidarse de lo nuestro. David me dijo que si un día le necesitaba, ya sabía donde encontrarle." "Regresé a Cariñena en el 1942 y allí conocí a mi futuro marido, Marcos Colomar, un joven de Ibiza, que acababa de salir del campo de concentración de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca).
Pilar nos prepara un café en su casa "Nos fuimos a vivir a Valencia, en dónde nos casamos en el 1947. Mis dos hijas, María Pilar y María José, nacieron allí. Mi marido empezó a trabajar en una fábrica de dos hermanos de izquierdas: unos de ellos acababa también de salir de un campo de concentración. Para mi marido, encontrar ese trabajo fue un alivio. Él lo que quería era irse de España. Pero como nadie le conocía, ya que no pertenecía a ningún partido ni nada, no le suponía problemas quedarse en Valencia. Pero sí en el caso de intentar pasar la frontera. Porque para pasar la frontera legalmente, tenían que conseguir un salvoconducto: para ello, tres hojas firmadas por tres personas de derechas eran necesarias. Y a nosotros, como es natural, nadie nos las iba a "...yo no podía venderme a un policía que probablemente estaba martirizando a los míos en un calabozo."
La Carta Digital - Número 21 - Edición especial Pilar Pitarch 5.
Entonces le propuse a mi marido pasar la frontera a pie, a pesar de estar esperando a mi primera hija. Pero el no quiso exponerme a ese riesgo. El no vivía en esa situación. Me acordé de David Sevilla y que me había dicho de llamarle si le necesitaba. Entonces, un domingo, mi marido y yo decidimos que el día siguiente iría a ver a David para pedirle un salvoconducto.
El lunes cogí el tren con María José, que para entonces ya había nacido y tenía dos años, y viajé a Castellón. Entré en la comisaría a las 12 horas y pregunté por el Sr. Sevilla. Cuando nos vio, pensó que nos había pasado algo a mi hija y a mí. Pero le expliqué que mi marido y yo queríamos irnos de España. Él me dijo que le haría el salvoconducto a mi marido y que luego mi marido nos haría llegar al país donde ya se encontrara. Me entregó el salvoconducto enseguida y me acompañó hasta la puerta. Aún guardo hoy en día ese salvoconducto Volví con María José a Valencia, sin comer ni nada. Y me acuerdo que llegamos a Valencia a las 16 horas: todo fue muy rápido. En casa, esperé a mi marido: cuando regresó de su trabajo y vio el salvoconducto, no se lo podía creer. Me dio un abrazo que casi me rompe los huesos, de la alegría. Me dijo: por fin vamos a dejar España'. Y yo le contesté: España no... el fascismo. Y mi marido pasó la frontera unos diez días después, para ir al Grez, un departamento de Francia dónde había muchos exiliados españoles. Una vez allí, mi marido se dirigió a la prefectura del departamento para que yo pudiera entrar en Francia con mis hijas. Mientras tanto, yo ya no podía trabajar como enfermera. Necesitaba que alguien me cuidara las niñas, pero mi madre se negó a hacerlo por motivos que no voy a explicar. Tuve pues que poner mis hijas en la beneficencia. Eso fue lo más triste para mí. Ha sido muy difícil hacerlo. Yo me puse de criada en una casa. Hasta que recibí del gobierno francés la autorización para entrar en Francia con mis niñas. Una vez reunidos en el país vecino, mi marido pidió la autorización para irnos todos a Argelia, en donde él había residido desde la edad de dos años, y que entonces era francesa. Hay que precisar que mi marido fue a España solamente para luchar con su hermano contra Franco.
En Argel era muy difícil encontrar un piso porque había muchos solicitantes y muchos españoles. Pero nosotros tuvimos suerte y nos recogió un hermano de mi marido mientras encontráramos vivienda. Para tener derecho a un piso subvencionado, teníamos que vivir muy mal: así que alquilamos una barraca para instalarnos en lo que podíamos. Cuando el inspector vino a vernos y se enteró que no teníamos otra cosa que ese pequeño almacén con puerta metálica y sin ventanas, nos explicó que no éramos franceses pero que tramitaría lo mismo la solicitud de piso subvencionado. ¡Y tuvimos el piso a los ochos días! Cuando mi marido volvió del trabajo y vio las llaves que le enseñaba, no se lo podía creer. Corría el año 1949. En ese piso vivimos hasta en año 1962 sin ningún problema.
En el 1961 se casó mi hija la mayor (María Pilar) y entró en Suiza para vivir en Lausanne. Mi marido, que trabajaba de ebanista, se quedó sin trabajo a consecuencia de la guerra de Argelia y el cierre de las fábricas. Se fue pues a trabajar al Sahara, en una compañía de petróleo, el único lugar dónde quedaba trabajo. María José, cuando salía de la escuela, iba a por el pan. Un día, cuando ella tenía trece años, me llega a casa temblando y me explica que unos jóvenes argelinos le molestaron y que uno le dijo al otro: déjala tranquila hasta la independencia... Yo como sabía que a muchas chicas las violaban –tanto en un bando como en el otro, le dije a mi hija de no salir más de casa, ni para ir a la escuela ni a por el pan.
Entonces pensé en hacerla marchar de Argel. Me dirigí al cura de la Parroquia de Santa Ana, en mi barrio: el Padre Paul era un suizo. Le conté lo de mi hija y le pedí que me
encontrara la dirección de un pensionado en Suiza para ella. Me dijo que se encargaba de todo. Tres días después, me dio la dirección de un pensionado de monjas en Valais. Mi hija viajó así a Suiza en ese año 1961. Tres meses más tarde, recibí una carta de la monja superior del pensionado suizo. Me decía que mi hija había quedado muy afectada por las imágenes que había visto por la tele sobre la guerra de Argelia: tenía el baile de San Vito. El médico me aconsejaba de ir a verla para tranquilizarla. Llamé a mi marido al Sahara y le expliqué lo que pasaba. Él me contestó que fuera a Suiza y que me quedara allí con nuestra hija.
Cogí pues el avión y me vine a Suiza. Estuve un mes con María José. Al volver a Argel, me encuentro con que mi piso había sido ocupado por los 'fellagas' argelinos. Lo perdimos todo. Incluso documentos que me hicieron falta para cobrar pensiones a las cuales tenía derecho. Solo pude recuperar el coche, gracias a mis vecinos argelinos que, al ver que todo estaba siendo robado y ocupado, me lo habían escondido hasta mi regreso. Avisé a la familia de mi marido de lo ocurrido y me alojaron. Cuando mi marido volvió del Sahara, un mes más tarde, aunque fue difícil conseguir los billetes, cogimos el barco con el coche, desde Argel hasta Marsella. De Marsella viajamos en coche hasta Suiza. En Suiza todo fue formidable. Debo decir que la policía nos ayudó mucho. Entramos como exiliados políticos, lo que era muchísimo más fácil que para los emigrantes. Suiza ha sido para nosotros el paraíso. Y aquí sigo viviendo.
Según su propia voluntad, Pilar Pitarch Blasco será incinerada. Será el martes 3 de enero, en Lausanne. Hasta la fecha, descansa en la capilla Saint-Roch.
LUCAS DE TORNOS Y USAQUE
Nace en Cariñena en el año 1803 y muere en Madrid en 1882.
Fue catedrático de Zoología en la Universidad Central y director del Museo de Ciencias Naturales.
Lucas tenía 20 años cuando acompaña a Lagasca hasta Cádiz en su exilio.
LORENZO ZARAGOZA
Natural de Cariñena (Zaragoza)(1343-1406) fue un pintor español perteneciente a la escuela valenciana del estilo internacional. Se le considera el introductor del estilo en la Corona de Aragón.
Estuvo al servicio del rey Pedro IV desde 1363. Trabajó en Barcelona al menos entre 1368y 1383 marchando al año siguiente a Valencia, donde permaneció hasta 1406. Aunque su obra no está perfectamente identificada, se considera que es suyo el retablo de Jérica (Castellón), en el que aparece un modelo iconográfico posteriormente repetidos por otros pintores: la Virgen con ángeles músicos o "concierto angélico". Data de 1394-1395.
Se le documenta en 1384 en Valencia. Inmediatamente pasó a Barcelona donde consta que en 1385 trabajaba por encargo de la reina Leonor de Sicilia en algunas pinturas destinadas al convento de clarisas de Teruel. Un año después, en 1386, lo hacía al servicio del rey Pedro IV, quien lo tuvo por el mejor pintor de la ciudad. Su presencia documentada en Barcelona alcanza al año 1374, cuando debió de marchar a Valencia, donde se le documenta en 1384 y hasta 1406.
Estuvo al servicio del rey Pedro IV desde 1363. Trabajó en Barcelona al menos entre 1368y 1383 marchando al año siguiente a Valencia, donde permaneció hasta 1406. Aunque su obra no está perfectamente identificada, se considera que es suyo el retablo de Jérica (Castellón), en el que aparece un modelo iconográfico posteriormente repetidos por otros pintores: la Virgen con ángeles músicos o "concierto angélico". Data de 1394-1395.
Se le documenta en 1384 en Valencia. Inmediatamente pasó a Barcelona donde consta que en 1385 trabajaba por encargo de la reina Leonor de Sicilia en algunas pinturas destinadas al convento de clarisas de Teruel. Un año después, en 1386, lo hacía al servicio del rey Pedro IV, quien lo tuvo por el mejor pintor de la ciudad. Su presencia documentada en Barcelona alcanza al año 1374, cuando debió de marchar a Valencia, donde se le documenta en 1384 y hasta 1406.
JOSÉ LARRAZ LÓPEZ
Cariñena, 1904- Madrid, 1973. Fue un jurista, economista, sociólogo, filósofo de la Historia e intelectual cristiano Español, Ministro de Hacienda de España en el Segundo Gobierno nacional de España (1939-1941) presidido por el dictador Francisco Franco y constituido en la ciudad de Burgos, una vez acabada la Guerra Civil Española y tres semanas antes del estallido de las hostilidades en Europa.
Estudió por libre la carrera de Derecho en la Universidad Central de Madrid y en marzo de 1926, a los veintiún años, ingresó con el número 1 de su promoción en el Cuerpo de Abogados del Estado.Antes de finalizar sus estudios de derecho, en 1922, inició su militancia en el activismo católico al participar en la asamblea constituyente del Partido Social Popular, primer partido democristiano español. Licenciado en 1924, en los años siguientes viajó a Bélgica, becado por la Junta de Ampliación de Estudios, concretamente en Instituto de Sociología Solvay, donde se orienta hacia la economía, publicando en 1930 su libro La evolución económica de Bélgica.
Perteneciente al sector del catolicismo social dispuesto a colaborar con la Dictadura de Primo de Rivera, se incorporó a la Secretaría del Jefe del Gobierno, gracias a la mediación de José Calvo Sotelo, y en 1930 entró en el Servicio de Estudios del Banco de España.
Con la llegada de la Segunda República centró sus esfuerzos en la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, en cuyo consejo rector figuraba ya en 1935. Desde 1931 dirigió la sección de economía del diario católico El Debate y, a partir de 1936, presidió el consejo de administración de la Editorial Católica.
El triunfo de las derechas en las elecciones de 1933 abrió las puertas a su carrera en el campo de la política económica. Durante el segundo bienio republicano contribuyó a reorganizar el Consejo Nacional de Economía, cuya vicepresidencia ocupó desde 1934, presidió Comisión Redactora de las Bases para el Patrimonio Forestal, y en 1935 Joaquín Chapaprieta, atraído por su "capacidad y competencia indudables”, le situó al frente de la Comisaría Nacional del Trigo.
El inicio de la Guerra Civil Española le sorprendió en Madrid. Tras ser evacuado de la capital a través de la Embajada de Chile. En 1937 se incorporó a la Junta Técnica del Estado en Burgos, donde asumió la jefatura del Servicio de Estudios del Banco de España y en 1938 fue nombrado Director General de Banca, Moneda y Cambio, al frente de cuya dirección consiguió la repatriación del oro físico español depositado en el Banco de Francia. Culmina esta etapa como presidente del Comité de Moneda Extranjera, nombrado en 1938.
Larraz llegó a la cima de su carrera política el 9 de mayo de 1939, en la primera reorganización ministerial de la posguerra, cuando accedió al Ministerio de Hacienda. De su gestión cabe destacar la Ley de Desbloqueo del 7 de diciembre de 1939, que restauró la unidad monetaria, rota durante la guerra. En ese mismo año se restableció el pago de la Deuda y el 1 de mayo de 1940 logró el regreso a una cierta normalidad presupuestaria. Culminó su obra en Hacienda la Ley de Reforma Tributaria del 16 de diciembre de 1940, que perseguía un triple objetivo: el mejor conocimiento de las bases tributarias, la elevación de los tipos de gravamen, y la sistematización de la imposición sobre el gasto, mediante la refundición de los tributos indirectos dispersos en la Contribución de usos y consumos. Larraz dimitió en 1941, y aunque alegó motivos de salud, lo cierto es que abandonó la cartera ante su discrepancia con el rumbo que estaba tomando la política económica de la dictadura.
Procurador en Cortes designado por el Jefe del Estado durante la I Legislatura de las Cortes Españolas (1943-1946). Retirado de la política activa, se dedicó al ejercicio de la abogacía, a la docencia económica y a los estudios filosóficos y humanísticos, un tema este último sobre el cual realizó numerosas publicaciones.
En los años cincuenta armonizó su vocación docente con una clara apuesta por la apertura española hacia Europa, a través de la sociedad "Estudios Económicos Españoles y Europeos", que fundó en 1950. Se trataba de una institución independiente, que reunió bajo el control de Larraz a un nutrido grupo de expertos, y que llegó a publicar nueve volúmenes, entre 1951 y 1961, que estudiaban las diferentes facetas de la economía española, abordándolas siempre desde una dimensión europeísta. Esta sociedad, por otra parte, fue una feraz cantera política, por la que pasó todo el grupo de jóvenes democristianos que tendrían un notable peso político en la Transición.
Como humanista cristiano, Larraz publicó varias obra dedicadas a la Comunomía o “Ciencia del Bien Común”. A este tema estuvo dedicada su último libro: Humanística. (Para la sociedad atea, científica y distributiva), publicado en 1972. Fue miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, de la que llegó a ser vicepresidente en 1970.
Falleció en Madrid, a la edad de 69 años.
Algunas obras sobre José Larraz
José María de Areilza (1974): “Memoria de José Larraz”, Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
Enrique Fuentes Quintana (1954): “Larraz y la reforma tributaria de 1940”, en Notas sobre política económica española.
J. M. Serrano Sanz (1997): La Hacienda en sus ministros. Franquismo y democracia.
Martorell Linares, (2000): “José Larraz: la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y la reforma tributaria liberal. “De ciencias sociales y ángeles custodios: la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en la guerra civil y la autarquía”, Historia y Política.
Sesma Landrín, Nicolás (2007): En busca del bien común. Biografía política de José Larraz López.
Algunas obras de José Larraz
La Hacienda pública y el Estatuto catalán, (1932). La época del mercantilismo en Castilla (1500-1700) Epílogo, a R. Mazo (1947) “Bravo Murillo, hacendista” “Comunomía” (1957), Anales de la Real Academia de Ciencias Morales (1963) sobre el nuevo contexto de Europa,(1972) Memorias,(2006) Política social y Bien común.
Estudió por libre la carrera de Derecho en la Universidad Central de Madrid y en marzo de 1926, a los veintiún años, ingresó con el número 1 de su promoción en el Cuerpo de Abogados del Estado.Antes de finalizar sus estudios de derecho, en 1922, inició su militancia en el activismo católico al participar en la asamblea constituyente del Partido Social Popular, primer partido democristiano español. Licenciado en 1924, en los años siguientes viajó a Bélgica, becado por la Junta de Ampliación de Estudios, concretamente en Instituto de Sociología Solvay, donde se orienta hacia la economía, publicando en 1930 su libro La evolución económica de Bélgica.
Perteneciente al sector del catolicismo social dispuesto a colaborar con la Dictadura de Primo de Rivera, se incorporó a la Secretaría del Jefe del Gobierno, gracias a la mediación de José Calvo Sotelo, y en 1930 entró en el Servicio de Estudios del Banco de España.
Con la llegada de la Segunda República centró sus esfuerzos en la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, en cuyo consejo rector figuraba ya en 1935. Desde 1931 dirigió la sección de economía del diario católico El Debate y, a partir de 1936, presidió el consejo de administración de la Editorial Católica.
El triunfo de las derechas en las elecciones de 1933 abrió las puertas a su carrera en el campo de la política económica. Durante el segundo bienio republicano contribuyó a reorganizar el Consejo Nacional de Economía, cuya vicepresidencia ocupó desde 1934, presidió Comisión Redactora de las Bases para el Patrimonio Forestal, y en 1935 Joaquín Chapaprieta, atraído por su "capacidad y competencia indudables”, le situó al frente de la Comisaría Nacional del Trigo.
El inicio de la Guerra Civil Española le sorprendió en Madrid. Tras ser evacuado de la capital a través de la Embajada de Chile. En 1937 se incorporó a la Junta Técnica del Estado en Burgos, donde asumió la jefatura del Servicio de Estudios del Banco de España y en 1938 fue nombrado Director General de Banca, Moneda y Cambio, al frente de cuya dirección consiguió la repatriación del oro físico español depositado en el Banco de Francia. Culmina esta etapa como presidente del Comité de Moneda Extranjera, nombrado en 1938.
Larraz llegó a la cima de su carrera política el 9 de mayo de 1939, en la primera reorganización ministerial de la posguerra, cuando accedió al Ministerio de Hacienda. De su gestión cabe destacar la Ley de Desbloqueo del 7 de diciembre de 1939, que restauró la unidad monetaria, rota durante la guerra. En ese mismo año se restableció el pago de la Deuda y el 1 de mayo de 1940 logró el regreso a una cierta normalidad presupuestaria. Culminó su obra en Hacienda la Ley de Reforma Tributaria del 16 de diciembre de 1940, que perseguía un triple objetivo: el mejor conocimiento de las bases tributarias, la elevación de los tipos de gravamen, y la sistematización de la imposición sobre el gasto, mediante la refundición de los tributos indirectos dispersos en la Contribución de usos y consumos. Larraz dimitió en 1941, y aunque alegó motivos de salud, lo cierto es que abandonó la cartera ante su discrepancia con el rumbo que estaba tomando la política económica de la dictadura.
Procurador en Cortes designado por el Jefe del Estado durante la I Legislatura de las Cortes Españolas (1943-1946). Retirado de la política activa, se dedicó al ejercicio de la abogacía, a la docencia económica y a los estudios filosóficos y humanísticos, un tema este último sobre el cual realizó numerosas publicaciones.
En los años cincuenta armonizó su vocación docente con una clara apuesta por la apertura española hacia Europa, a través de la sociedad "Estudios Económicos Españoles y Europeos", que fundó en 1950. Se trataba de una institución independiente, que reunió bajo el control de Larraz a un nutrido grupo de expertos, y que llegó a publicar nueve volúmenes, entre 1951 y 1961, que estudiaban las diferentes facetas de la economía española, abordándolas siempre desde una dimensión europeísta. Esta sociedad, por otra parte, fue una feraz cantera política, por la que pasó todo el grupo de jóvenes democristianos que tendrían un notable peso político en la Transición.
Como humanista cristiano, Larraz publicó varias obra dedicadas a la Comunomía o “Ciencia del Bien Común”. A este tema estuvo dedicada su último libro: Humanística. (Para la sociedad atea, científica y distributiva), publicado en 1972. Fue miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, de la que llegó a ser vicepresidente en 1970.
Falleció en Madrid, a la edad de 69 años.
Algunas obras sobre José Larraz
José María de Areilza (1974): “Memoria de José Larraz”, Anales de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.
Enrique Fuentes Quintana (1954): “Larraz y la reforma tributaria de 1940”, en Notas sobre política económica española.
J. M. Serrano Sanz (1997): La Hacienda en sus ministros. Franquismo y democracia.
Martorell Linares, (2000): “José Larraz: la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y la reforma tributaria liberal. “De ciencias sociales y ángeles custodios: la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas en la guerra civil y la autarquía”, Historia y Política.
Sesma Landrín, Nicolás (2007): En busca del bien común. Biografía política de José Larraz López.
Algunas obras de José Larraz
La Hacienda pública y el Estatuto catalán, (1932). La época del mercantilismo en Castilla (1500-1700) Epílogo, a R. Mazo (1947) “Bravo Murillo, hacendista” “Comunomía” (1957), Anales de la Real Academia de Ciencias Morales (1963) sobre el nuevo contexto de Europa,(1972) Memorias,(2006) Política social y Bien común.
CASIMIRO SARRIÁ GÓRRIZ
Junto con Francisco Bernad Partagás funda la federación Vitícola Aragonesa. Participa en el Congreso pro Estatuto Aragonés , celebrado en Caspe del 1 al 3 de mayo de 1936, afirmando que se comience de inmediato «la propaganda que consiga para Aragón una personalidad». Detenido por ideología política, es fusilado.
BARTOLOMÉ GARCÍA
Fue comisario del Santo Oficio. Muerta su mujer, Isabel Fraxno, hace testamento dejando todos sus bienes para misas y fundaciones en la capilla e iglesia de Santiago. Año 1.705.
domingo, 23 de febrero de 2014
PEDRO GARCÉS
Natural de Cariñena, era amigo íntimo del Papa Luna (1.394 - 1416) pasando a su servicio con los cargos de "camarero y consultor del Papa".
Pedro Garcés de Cariñena, cubiculario del Papa Benedicto XIII en Montpellier, entregó al rey don Martín la relación de casas antiguas del reino de Aragón. Corría el año 1397.
Dicha relación, que posiblemente se escribió en latín, pudo llevar por título Historia Antigua de Aragón. En ella se recogía la lista de ricoshombres de Navarra, parte de los de Aragón, los Corneles y los Luna. Posteriormente, el mismo autor debió ampliar la obra comenzada, dando paso al conocido Nobiliario de Aragón, que fue consultado y ampliado por historiadores más tardíos entre los que destacan el arcediano Dormer, el ilustre cronista don Jerónimo Zurita y su homónimo Blancas.
Pedro Garcés de Cariñena, cubiculario del Papa Benedicto XIII en Montpellier, entregó al rey don Martín la relación de casas antiguas del reino de Aragón. Corría el año 1397.
Dicha relación, que posiblemente se escribió en latín, pudo llevar por título Historia Antigua de Aragón. En ella se recogía la lista de ricoshombres de Navarra, parte de los de Aragón, los Corneles y los Luna. Posteriormente, el mismo autor debió ampliar la obra comenzada, dando paso al conocido Nobiliario de Aragón, que fue consultado y ampliado por historiadores más tardíos entre los que destacan el arcediano Dormer, el ilustre cronista don Jerónimo Zurita y su homónimo Blancas.
JUAN BERNAL
Una de las figuras más destacadas de Cariñena en todos los siglos, se cree que nació en Cariñena, es Siervo de Dios, Venerable Padre Fray Juan Bernal de la Orden de Nuestra Señora de la Merced y fundador del convento en Gibraltar. Por su ciencia y santidad fue nombrado predicador y confesor de los reyes Felipe II y Felipe III.
Murió con gran crédito de santo en la ciudad de Sevilla el 18 de noviembre de 1.601. En el Museo Parroquial hay dos cuadros de él pintados por la escuela de Zurbarán.
Murió con gran crédito de santo en la ciudad de Sevilla el 18 de noviembre de 1.601. En el Museo Parroquial hay dos cuadros de él pintados por la escuela de Zurbarán.
FRAY DIEGO DE CARIÑENA
El Padre Fray Diego de Cariñena, llamado el "Descalzo" destacó por su vida sacrificada y santa, hasta el punto que es considerado como "Venerable". Escribió su vida el cronista Fray Antonio de Breda, Prior General de la Orden y Reino de Aragón en el año 1.703.
JERÓNIMO MURERO
Otro hijo ilustre de Cariñena es el Ilmo. Jerónimo Murero, Abad del monasterio de San Juan de la Peña.
Como dice su sucesor en la abadía de San Juan de la Peña, don Juan Briz en su libro "Historia de la fundación y antiguedades de San Juan de la Peña", don Jerónimo Murero fue el 70 abad de San Juan de la Peña, años 1.607 - 1.613.
Colegial mayor de Valladolid, electo canónigo de la iglesia Metropolitana de Zaragoza y Prior de Santa Cristina. Está sepultado en la capilla de Nuestra Señora del Pilar, por haber sido su muerte en Zaragoza y dentro de aquella iglesia.
Siendo Abad de San Juan de la Peña mandó construir el retablo del Santo Cristo, en la iglesia parroquial, con una talla de muy buena factura de principios del siglo XVII.
Como dice su sucesor en la abadía de San Juan de la Peña, don Juan Briz en su libro "Historia de la fundación y antiguedades de San Juan de la Peña", don Jerónimo Murero fue el 70 abad de San Juan de la Peña, años 1.607 - 1.613.
Colegial mayor de Valladolid, electo canónigo de la iglesia Metropolitana de Zaragoza y Prior de Santa Cristina. Está sepultado en la capilla de Nuestra Señora del Pilar, por haber sido su muerte en Zaragoza y dentro de aquella iglesia.
Siendo Abad de San Juan de la Peña mandó construir el retablo del Santo Cristo, en la iglesia parroquial, con una talla de muy buena factura de principios del siglo XVII.
PEDRO MANERO
El Obispo Manero nació en Cariñena. En el libro de bautismo de la parroquia está inscrita su partida como sigue: "Cariñena a 24 de diciembre de 1.620, hijo de P. Manero y Catalina García, llamóse Thomás". Hay una anotación marginal que dice: Este fue Obispo, sólo que en la religión tomó el nombre de Pedro.En "Linajes de Aragón" se lee: Natural de la villa de Cariñena, religioso de la orden de San Francisco, calificador de la Santa Inquisición, provincial y secretario general de su Orden, general de toda la Orden electo en Roma en 1.651 y finalmente Obispo de Tarazona en 1.656.
Escribió varias obras: una traducción de la Apología de Quinto Septimio Tertuliano, impresa en Zaragoza por Dormer en el año 1.644.
Tradujo el "Libro de la Paciencia" del mismo Tertuliano, impresa en Madrid bajo los auspicios de Felipe IV, Vida de Santa Juana de Valois, fundadora de la Anunciata y otras muchas obras.
El Padre Manero tuvo mucha relación con Sor María de Ágreda, la mística, quien le consulta en muchas ocasiones. Ésta en agradecimiento, dirige dos cartas al rey (Felipe IV) con quien le une mucha amistad, con fecha de 1 de diciembre de 1.681 y 12 de septiembre de 1.689, en las que pide ayuda y favor para el Obispo de Tarazona, que se ve muy abatido por los grandes trabajos, que padece por los grandes pleitos de Calatayud y otros asuntos de la iglesia.
Y cosa rarísima en Sor Maria, llega a proponerle lo traslade a la sede de Valencia.
Después de ésta solicitud al rey, muere el Obispo Manero el 5 de diciembre de 1.692.
Trajo desde Roma a Cariñena en 1.650 el cuerpo de San Columbano que es venerado en la parroquia como co-patrón, siendo el patrón principal San Valero.
En el museo parroquial se conservan dos cartas autógrafas, un sombreo y un retrato del Obispo Manero.
Se encuentra sepultado en la capilla de San Columbano en su ciudad natal Cariñena.
Escribió varias obras: una traducción de la Apología de Quinto Septimio Tertuliano, impresa en Zaragoza por Dormer en el año 1.644.
Tradujo el "Libro de la Paciencia" del mismo Tertuliano, impresa en Madrid bajo los auspicios de Felipe IV, Vida de Santa Juana de Valois, fundadora de la Anunciata y otras muchas obras.
El Padre Manero tuvo mucha relación con Sor María de Ágreda, la mística, quien le consulta en muchas ocasiones. Ésta en agradecimiento, dirige dos cartas al rey (Felipe IV) con quien le une mucha amistad, con fecha de 1 de diciembre de 1.681 y 12 de septiembre de 1.689, en las que pide ayuda y favor para el Obispo de Tarazona, que se ve muy abatido por los grandes trabajos, que padece por los grandes pleitos de Calatayud y otros asuntos de la iglesia.
Y cosa rarísima en Sor Maria, llega a proponerle lo traslade a la sede de Valencia.
Después de ésta solicitud al rey, muere el Obispo Manero el 5 de diciembre de 1.692.
Trajo desde Roma a Cariñena en 1.650 el cuerpo de San Columbano que es venerado en la parroquia como co-patrón, siendo el patrón principal San Valero.
En el museo parroquial se conservan dos cartas autógrafas, un sombreo y un retrato del Obispo Manero.
Se encuentra sepultado en la capilla de San Columbano en su ciudad natal Cariñena.
PEDRO JERÓNIMO HERNÁNDEZ
Nació el año 1.604 en Cariñena. Fue doctor de la Academia Cesaraugustana, calificador de la Inquisición de Aragón y canónigo de Zaragoza. En el museo parroquial hay una carta de 1.651 dirigida al Capítulo de Cariñena.
El 9 de mayo de 1648 donó a la parroquia de Cariñena un relicario de oro, que contenia una partícula del velo con el que la Virgen se apareció al apóstol Santiago, y tres partículas de la columna del camarín de la Virgen. Estas reliquias son de las mismas que la santa Iglesia concedió a Isabel de Borbón, Reina de España.
Murió el 27 de agosto de 1.652 a los 48 años de edad.
El 9 de mayo de 1648 donó a la parroquia de Cariñena un relicario de oro, que contenia una partícula del velo con el que la Virgen se apareció al apóstol Santiago, y tres partículas de la columna del camarín de la Virgen. Estas reliquias son de las mismas que la santa Iglesia concedió a Isabel de Borbón, Reina de España.
Murió el 27 de agosto de 1.652 a los 48 años de edad.
JOSÉ RANCÓN
Arquitecto de Cariñena.
Don Angel Canellas dice de él: El año 1662 comenzaba la obra (la capilla del Ecce Homo de Longares) patrocinada por Escolano (Arzobispo de Granada). Contó con la maestría de un arquitecto de Cariñena llamado José Rancón, quien muy al gusto, de momento concibió una capilla de planta cuadrada, con alzado barroco, rematada por cúpula sobre pechina con su tambor y linterna'.
Don Angel Canellas dice de él: El año 1662 comenzaba la obra (la capilla del Ecce Homo de Longares) patrocinada por Escolano (Arzobispo de Granada). Contó con la maestría de un arquitecto de Cariñena llamado José Rancón, quien muy al gusto, de momento concibió una capilla de planta cuadrada, con alzado barroco, rematada por cúpula sobre pechina con su tambor y linterna'.
JUAN DE CARIÑENA
Como escribe don Pedro Calahorra, fue cantor en la capilla de la Emperatriz Isabel, a su muerte en 1539, en la del Príncipe don Felipe II, al que acompañó en 1548 a las Cortes de Monzón y en su primer viaje al extranjero en 1554 a Inglaterra; en este mismo año obtuvo la prebenda de tenor en la catedral de Toledo.
PEDRO JOSÉ TARIN
Este apellido siempre ha estado muy unido a la casa de la calle Mayor, donde el año 1814 se hospedó don Fernando VII y se han hospedado los Reyes cuando pasaban por Cariñena.
En mayo de 1732, al recibirse la sentencia de la Audiencia sobre el pleito del santuario de Lagunas, dice una nota del archivo: 'No hay que decir la alegría y regocijo en toda la villa y en las casas ricas del expresado Pedro Tarín y otros vecinos se daba de beber y aún de comer y estaban las puertas abiertas'
En mayo de 1732, al recibirse la sentencia de la Audiencia sobre el pleito del santuario de Lagunas, dice una nota del archivo: 'No hay que decir la alegría y regocijo en toda la villa y en las casas ricas del expresado Pedro Tarín y otros vecinos se daba de beber y aún de comer y estaban las puertas abiertas'
RICARDO GÓRRIZ
Cariñena, 1850 - Zaragoza, 1916). Distinguido científico aragonés, que destacó preferentemente en el cultivo de las ciencias naturales aplicadas a la preparación de medicamentos. Doctor en Farmacia, ejerció su profesión en Paniza, Cariñena y Milagro (Navarra), localidades desde las que realizó numerosas excursiones para recolectar insectos y plantas acompañado en alguna ocasión por su maestro el sabio naturalista Lichtenstein.
En 1878 envió a la Sociedad Española de Historia Natural un trabajo sobre enfermedades de la vid en el que llamó la atención sobre la nefasta importancia de la filoxera, insecto cuya posterior penetración en España tanto afectaría a nuestra economía agraria. En 1882 fue elegido académico correspondiente de la Real de Ciencias y Artes de Barcelona, y participó en la Exposición Farmacéutica Nacional presentando diversas preparaciones terapéuticas.
En 1884 obtuvo por oposición la plaza de farmacéutico del Hospital Provincial de Nuestra Señora de Gracia, trasladándose definitivamente a Zaragoza. En la Exposición Aragonesa de 1885 presentó más de doscientos productos obtenidos en el laboratorio del hospital, una memoria relativa a dichas preparaciones farmacéuticas, una colección de coleópteros compuesta de tres mil ejemplares correspondientes a novecientas especies diferentes, y un monumental herbario de plantas medicinales; le fueron concedidas tres medallas, una de ellas la Aragonesa y el derecho a usar el escudo de armas de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País.
Realizó frecuentes intercambios científicos con los naturalistas más prestigiosos de Europa, regalando a su amigo Lichtenstein una amplia colección de himenópteros para orientar exclusivamente sus estudios entomológicos hacia el campo de los coleópteros; su obra sobre estos insectos adquirió gran notoriedad y ha sido codiciosamente buscada por entomólogos de todo el mundo.
En 1891 alcanzó el grado de licenciado en Ciencias Físico-Químicas. Participó en la Exposición Vitivinícola de Cariñena de 1892, leyendo un completo trabajo en el que estudió las relaciones de la entomología con la viticultura. Fue galardonado con medalla de plata en el IX Congreso Internacional de Higiene y Demografía.
En 1902 fue fundador y primer vicepresidente de la Sociedad Aragonesa de Ciencias Naturales, ejemplar institución científica en cuyo Boletín se publicaron algunos de sus trabajos, siendo nombrado presidente en 1905. Participó activamente en la organización del Primer Congreso de Naturalistas Españoles y en el Homenaje a Linneo. Colaboró en la mayor parte de las revistas profesionales de la época, publicando más de cien trabajos.
En 1878 envió a la Sociedad Española de Historia Natural un trabajo sobre enfermedades de la vid en el que llamó la atención sobre la nefasta importancia de la filoxera, insecto cuya posterior penetración en España tanto afectaría a nuestra economía agraria. En 1882 fue elegido académico correspondiente de la Real de Ciencias y Artes de Barcelona, y participó en la Exposición Farmacéutica Nacional presentando diversas preparaciones terapéuticas.
En 1884 obtuvo por oposición la plaza de farmacéutico del Hospital Provincial de Nuestra Señora de Gracia, trasladándose definitivamente a Zaragoza. En la Exposición Aragonesa de 1885 presentó más de doscientos productos obtenidos en el laboratorio del hospital, una memoria relativa a dichas preparaciones farmacéuticas, una colección de coleópteros compuesta de tres mil ejemplares correspondientes a novecientas especies diferentes, y un monumental herbario de plantas medicinales; le fueron concedidas tres medallas, una de ellas la Aragonesa y el derecho a usar el escudo de armas de la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País.
Realizó frecuentes intercambios científicos con los naturalistas más prestigiosos de Europa, regalando a su amigo Lichtenstein una amplia colección de himenópteros para orientar exclusivamente sus estudios entomológicos hacia el campo de los coleópteros; su obra sobre estos insectos adquirió gran notoriedad y ha sido codiciosamente buscada por entomólogos de todo el mundo.
En 1891 alcanzó el grado de licenciado en Ciencias Físico-Químicas. Participó en la Exposición Vitivinícola de Cariñena de 1892, leyendo un completo trabajo en el que estudió las relaciones de la entomología con la viticultura. Fue galardonado con medalla de plata en el IX Congreso Internacional de Higiene y Demografía.
En 1902 fue fundador y primer vicepresidente de la Sociedad Aragonesa de Ciencias Naturales, ejemplar institución científica en cuyo Boletín se publicaron algunos de sus trabajos, siendo nombrado presidente en 1905. Participó activamente en la organización del Primer Congreso de Naturalistas Españoles y en el Homenaje a Linneo. Colaboró en la mayor parte de las revistas profesionales de la época, publicando más de cien trabajos.
viernes, 21 de febrero de 2014
JOSÉ FRANCO Y RIBATE
Director de bandas de música y compositor. Nació en Cariñena (Aragón), el 14 de diciembre de 1878, y murió en Bilbao, en 1951. En Zaragoza estudió armonía y composición con Ramón Borobia y aprendió clarinete, en cuyo instrumento se destacó y lo tocó en orquestas y bandas.
Muy joven se domicilió en Bilbao y en Bizkaia realizó toda su labor musical hasta el fin de su existencia, por lo que con razón se le considera vasco; además, utilizó a la perfección el euskera y la mayor parte de su obra es netamente vasca. Mediante oposición obtuvo la plaza de director de la Banda Municipal de Bermeo, en 1915 la de la Banda Municipal de Irún, contendiendo con veinticinco opositores más y, pasados unos años, se le encomendó la dirección de la Municipal de la capital de Bizkaia, que colocó entre las mejores del país. Fue fundador del Conservatorio Vizcaíno, en el que ocupó el puesto de profesor durante treinta años.
En 1910 ganó el primer premio en las fiestas euskeras, que se celebraban anualmente en Gipuzkoa, con su pasacalle para banda Euskalerriko kantak, que se integró rápidamente en los repertorios de todas las agrupaciones instrumentales de viento del país, y en 1912 y 1913 otros primeros premios, con las oberturas para banda Euskal-erria y Eusko gogua, interpretadas con excelentes acogidas por las Municipales de Bilbao y San Sebastián.p;Franco compuso más de doscientas obras, principalmente para banda, alternando las de concierto con las ligeras. Entre éstas se encuentra una serie de pasodobles: Camino de rosas, Gracia y belleza, etc. Es autor de una misa, una ópera y una opereta, esta última estrenada en Bilbao.
Entre sus marchas, se encuentran: “Pasionaria”, “Soledad”, “Desconsuelo” (dedicada la cofradía del Señor de la Columna de Úbeda), “Dies irae”, “In Paradisum”, “Rosa Mística”, “Misericordia”, “Dolorosa”, “Pasión”, “La Cruz”. Son marchas, en su mayoría, no interpretadas en la Semana Santa de Sevilla pero que se han escuchado en otras semanas santas del territorio nacional. Entre las marchas, la composición “¡Misericordia!”
En 1917, la revista "Música", de Madrid, convocó un concurso para premiar obras sinfónicas y en él ganó el premio Franco con su producción Arrantzaliak (Los pescadores); los dos tiempos que la integran, La oración en el mar y en el puerto, al regreso de la pesca.
Muy joven se domicilió en Bilbao y en Bizkaia realizó toda su labor musical hasta el fin de su existencia, por lo que con razón se le considera vasco; además, utilizó a la perfección el euskera y la mayor parte de su obra es netamente vasca. Mediante oposición obtuvo la plaza de director de la Banda Municipal de Bermeo, en 1915 la de la Banda Municipal de Irún, contendiendo con veinticinco opositores más y, pasados unos años, se le encomendó la dirección de la Municipal de la capital de Bizkaia, que colocó entre las mejores del país. Fue fundador del Conservatorio Vizcaíno, en el que ocupó el puesto de profesor durante treinta años.
En 1910 ganó el primer premio en las fiestas euskeras, que se celebraban anualmente en Gipuzkoa, con su pasacalle para banda Euskalerriko kantak, que se integró rápidamente en los repertorios de todas las agrupaciones instrumentales de viento del país, y en 1912 y 1913 otros primeros premios, con las oberturas para banda Euskal-erria y Eusko gogua, interpretadas con excelentes acogidas por las Municipales de Bilbao y San Sebastián.p;Franco compuso más de doscientas obras, principalmente para banda, alternando las de concierto con las ligeras. Entre éstas se encuentra una serie de pasodobles: Camino de rosas, Gracia y belleza, etc. Es autor de una misa, una ópera y una opereta, esta última estrenada en Bilbao.
Entre sus marchas, se encuentran: “Pasionaria”, “Soledad”, “Desconsuelo” (dedicada la cofradía del Señor de la Columna de Úbeda), “Dies irae”, “In Paradisum”, “Rosa Mística”, “Misericordia”, “Dolorosa”, “Pasión”, “La Cruz”. Son marchas, en su mayoría, no interpretadas en la Semana Santa de Sevilla pero que se han escuchado en otras semanas santas del territorio nacional. Entre las marchas, la composición “¡Misericordia!”
En 1917, la revista "Música", de Madrid, convocó un concurso para premiar obras sinfónicas y en él ganó el premio Franco con su producción Arrantzaliak (Los pescadores); los dos tiempos que la integran, La oración en el mar y en el puerto, al regreso de la pesca.
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